Por Marbella Sánchez

Huey Yollocayotl

Inspirado en un sello teotihuacano de barro del periodo clásico, nuestro corazón sangrante es la representación de un órgano desgarrado ofrecido a los dioses como alimento sacro. Este emblema toma la forma de un triskelion, un símbolo que muchas culturas han asociado con la energía y el constante movimiento universal. Este es el principio que nos guía a sanar los corazones lacerados por las experiencias de la vida.

Aprendamos, entonces, a transformar los recuerdos dolorosos y sanguinolentos de experiencias desafortunadas en cicatrices. Que estas marcas no sean una mera señal de sufrimiento, sino un recordatorio de superación. A través del amor verdadero, dicha huella invita al individuo a mirar hacia adelante, hacia un futuro con un corazón renovado, sano y lleno de vida. Este proceso de sanación permite al individuo reconocer y reconciliarse en sus raíces, con su historia con su vida y con su esencia más profunda.

Que cada cicatriz sea, por lo tanto, un testimonio de un pasado que, lejos de anclar, propulse al ser hacia una existencia más plena y armoniosa. Con un corazón restaurado y palpitante estemos prestos a reconciliar nuestro presente con el pasado y abrazar el futuro con esperanza y valentía.

Colaboración en el libro:

Trejo, J. (2024). “Coatepantli, memorial de un proyecto”. En la colección Coatepantli, editado por Joaquín Trejo, p. 70-71. Coatepec, Veracruz. México. https://coatepantli.com/